Todo ser vivo tiene una capacidad de reacción innata que lo ayuda a adaptarse y a conservar su equilibrio interno. El cual se logra mediante las funciones que denominamos efectoras o de reconocimiento del exterior, de tal modo, que la salud estará ligada directamente a cómo nuestro cuerpo se “defiende” del mundo que lo rodea, dando respuestas adecuadas y reconociendo lo propio de lo ajeno. De este modo, el ser humano va conservando la salud a base de mantener íntegras sus funciones defensivas y su capacidad de respuesta.

Cualquier acto externo que vaya a favor de nuestra salud, tiene que tener como premisa esencial lo anterior, y trabajar en armonía para con nuestras fuerzas internas. Es lo que se denomina “Medicina Bioenergética”.

La Homeopatía, como terapia, forma parte de esta Medicina Bioenergética, ya que pone en marcha, mecanismos de sensibilización que ayudan al organismo a potenciar sus propios recursos naturales, para restablecer un orden interno. Mediante la Homeopatía, somos nosotros mismos los que reaccionamos e intentamos compensar el desequilibrio que nos causa un mal, teniendo en este caso, con el medicamento homeopático un efecto de sensibilización.

En la actualidad, estamos asistiendo a un interés creciente por la Homeopatía, debido al interés de la población en general, consciente y preocupada por los riesgos y efectos secundarios que, a veces, están asociados a los medicamentos convencionales.

La Medicina clásica u ortodoxa y la Homeopatía no son terapias contrarias, ambas analizan la enfermedad y el método curativo de un modo totalmente distinto y lógicamente con repercusiones orgánicas diferentes.