A principios de siglo, un homeópata suizo, Antoine Nebel, al estudiar la patogenesia de Tuberculinum, se asombró de ver la gran semejanza que existía con las patogenesias de Sulfur y de Psorinum. Comenzó entonces a recomendar el uso de diluciones altas de Tuberculinum a los enfermos psóricos que tenían una historia personal o hereditaria de tuberculosis (que eran muchos, al comienzo del s. XX) y adelgazaban con facilidad, pese a tener un hambre voraz, eran propensos a los enfriamientos de repetición y a las recaídas frecuentes de afecciones respiratorias. Como tenía constancia de la eficaz aplicación terapéutica de la tuberculina obtenida de los pájaros (Aviare) en las otitis agudas, o en las afecciones bronquiales de los niños, así como la de Tuberculinum residuum en algunas formas de acné juvenil o en determinadas artropatías crónicas, describió lo que llamó “estados tuberculínicos”, asociándolos al terreno psórico de Hahnemann, pero considerando que guardaban relación con la “toxina tuberculosa”.

Esta teoría, mantenida posteriormente por León Vannier, ha influenciado a varias generaciones de homeópatas que, con el término de “tuberculinismo”, han querido describir una predisposición particular, que habría que tratar con tuberculinas diluidas, y que se encontraría en relación más o menos lejana con el bacilo de Koch. Actualmente, debería ser abandonada esta teoría, pues confunde similitud e identidad.

En cuanto al término de “tuberculinismo”, tendría que evitarse, porque es ambiguo y lleva a malentendidos. En efecto, aunque puede admitirse clínicamente que el tuberculinismo agrupa a los enfermos que, desde un punto de vista homeopático, deben ser tratados con una tuberculina diluida, no podemos admitir la pretendida dependencia bacteriana que este vocablo deja entender. Si así fuera, habría que admitir, por ejemplo, que los enfermos que deben ser tratados con sales de mercurio son “mercúricos”, cuya afección estaría en relación con una intoxicación mercurial más o menos lejana.

Estas clasificaciones de Psora, Sicosis y Sífilis son discutibles como hipótesis patogénicas, pues no existe actualmente ninguna base biológica válida que pueda respaldarlas. No obstante, siguen siendo muy interesantes desde los puntos de vista clínico y terapéutico. Conviene pues, mantenerlas, como clasificaciones de modos reaccionales crónicos, que pueden ser eficazmente tratados mediante una terapéutica homeopática.

En cuanto a los términos empleados, a muchos pueden parecerles herméticos o anticuados. Sin embargo, no está de más conservarlos, por respeto a la tradición, y porque no existe riesgo de desafortunados contrasentidos con otros diagnósticos clásicos, etiológicos o nosológicos.