Hahnemann atribuía el modo reaccional sifilítico a las consecuencias de la sífilis, adquirida o hereditaria. En esta época se confundían el chancro blando y el chancro indurado, y se ignoraba también el agente causal, así como, se desconocían las reacciones serológicas de esta enfermedad.

La sífilis se caracteriza clínicamente, en un mismo individuo, por la sucesión fisiopatológica siguiente:

Irritación — Ulceración — Esclerosis

Este es un proceso que actúa selectivamente sobre los tejidos:

*Linfoganglionar. Provocando induraciones de dureza pétrea.

*Óseo. Produce exostosis de la misma consistencia.

*Elástico (vasos, ligamentos, conjuntivo). Ulcerándolo o distendiéndolo.

*Piel y mucosas. Indurándolas, secándolas y fisurándolas.

En su vertiente congénita, la sífilis genera distrofias, asimetrías y una hiperlaxitud ligamentosa que confiere a las articulaciones una gran libertad en los movimientos de extensión.

En la esfera psíquica, posible retraso mental; o al contrario, inteligencia despierta, pero con un fondo de perversidad subyacente.

Todas las manifestaciones, funcionales o subjetivas, presentan una agra-vación nocturna.

Estos modos reaccionales encuentran un reflejo particularmente fiel en la toxicología o la patogenesia de sustancias como el mercurio y sus sales, el ácido fluorhídrico y sus sales, los metales pesados: Plata, Oro, Plomo, y en Luesinum, (medicamento preparado a base de serosidades de chancros indurados no tratados).

La etiología de la sífilis, como la de la sicosis, se ha ampliado también, desde la época de Hahnemann. En particular, ha podido observarse que las consecuencias lejanas y hereditarias del alcoholismo eran semejantes, a veces, a las manifestaciones luéticas.