Distinguimos entre síntomas generales subjetivos y los objetivos.

SÍNTOMAS GENERALES SUBJETIVOS:

Conviene considerarlos con reservas, como todo lo que es subjetivo, excepto si son claros, característicos y francamente manifiestos:

* El dolor habrá que tenerlo en cuenta si viene calificado por modalidades concretas. Pero hay que evitar perderse en matices utópicos de repertorio, que son a menudo, contradictorios y que no corresponden a la realidad clínica (por ejemplo, dolores corrosivos, mordientes, perforantes, constriñentes o barrenantes).

* Las alteraciones de la sensibilidad sensorial a los ruidos o a los olores, pueden a veces ser característicos.

* La fatiga, cuando está marcada por modalidades características claras, puede ser un signo de valor. Arsenicum album, por ejemplo, tiene con regularidad alternancia de fatiga y de tono normal o aumentado.

* Los deseos y aversiones alimenticios expresan una actitud instintiva espontánea e individual. Son de gran valor si son claros, y no sugeridos por un interrogatorio demasiado dirigido. Los deseos tienen mayor valor que las aversiones, por ser más positivos:

—Natrum muriaticum tiene gran predilección por la sal (más raramente aversión).

—Sulfur, Calcárea carbónica y Argentum nitricum presentan un gran deseo de azúcar.

—Le atraen mucho los condimentos y el vinagre a Sepia.

—A Pulsatilla le repelen las grasas.

—En el caso de Zincum no le gusta el vino, ya que lo tolera mal.

*La sintomatología sexual, por su relación entre la subjetividad y el estado general, tiene gran valor. Puede indagarse en este campo una vez que el médico se ha ganado la confianza del enfermo.

* Las alteraciones del sueño son poco características. Más evocadora es, a veces, la actitud durante el sueño: Pulsatilla y Nux vomica prefieren dormir boca arriba, con los brazos debajo de la cabeza; Medorrhinum duerme boca abajo con frecuencia, o en la actitud de la oración mahometana. El análisis de los sueños, al margen de cualquier interpretación psicoanalítica, puede orientarnos hacia un medicamento: Lac Caninum sueña con serpientes, Lachesis con entierros o ataúdes…

SÍNTOMAS GENERALES OBJETIVOS:

Tienen la ventaja, sobre los precedentes, de poder ser detectados por la observación.

Las modificaciones de la transpiración, de las secreciones o de las excreciones, en el transcurso de una afección aguda o crónica, pueden indicarnos ciertos remedios; pero, sobre todo, los signos generales tipológicos y morfológicos presentan la ventaja de su evidencia inmediata. Pueden ser observados clínicamente, medidos, imparcialmente fotografiados, y sin discusión, sin interpretaciones subjetivas. Son verdaderas resultantes hereditarias de antiguas patologías, y pueden, cuando son muy claros, sugerirnos ciertas predisposiciones mórbidas, o la sensibilidad electiva a tal o cual medicamento de fondo.

SÍNTOMAS LOCALES

Desempeñan un papel primordial en la determinación del diagnóstico nosológico, ya que pueden ser patognomónicos de un síndrome funcional, de una lesión o de una predisposición mórbida permanente. Además, las modalidades individuales que los califican, son con frecuencia características de un modo reaccional propio del paciente. No hay pues, que desdeñarlos, como cierta rutina homeopática ha querido obligarnos a hacer durante bastante tiempo. Algunos signos locales pueden tener tanto valor como un signo general:

* La lateralidad predominante de las alteraciones, en un enfermo, tiene el valor de un signo general, si es clara puede hacernos pensar en Lycopodium si es francamente derecha, o en Lachesis si es claramente izquierda. Esta noción de lateralidad predominante es puesta de relieve frecuentemente por algunos autores. Tal vez, no sea decisiva para la elección de un medicamento.

* En cambio, la localización es mucho más importante. Todas las afinidades de las enfermedades por una función, un tejido, un órgano o una localización particular, pueden corresponder a afinidades toxicológicas análogas de ciertos medicamentos. Es el caso de Sécale cornutum para las arteritis de los miembros inferiores, de Vipera para las periflebitis, de Phosphorus para las cirrosis, etc.

Algunos síntomas locales, subjetivos u objetivos, son verdaderos síntomas clave, que nos evocan a un reducido grupo de remedios, o incluso un remedio único. El dolor en la punta del omoplato derecho requiere Chelidonium, las fisuras en el talón hacen pensar en Lycopodium o en Antimonium crudum.

* El aspecto anatómico de una lesión localizada puede tener una importancia primordial, y se sabe que existen lesiones cutáneas patognomónicas de ciertas afecciones nosológicamente definidas, y características de algunos remedios, a modo de síntomas clave.

* De la misma manera, un síntoma local que se manifiesta en diversas re-giones, o que modifica varias funciones, adquiere valor general:

  • El enrojecimiento de los orificios es una característica general de Sulfur.
  • Las excreciones amarillas o amarillo—verdosas, no irritantes, son ca-racterísticas de Pulsatilla.
  • Las excreciones verdosas, espesas, viscosas y adherentes, son características de Kalium bichromicum.

Esta revisión de los síntomas muestra toda la riqueza y la sutileza de la semiología homeopática, que deben ser puestas en evidencia mediante el interrogatorio.

Determinación de los Remedios Homeopáticos en las Enfermedades Crónicas

En las enfermedades crónicas, el análisis semiológico es siempre imprescindible, y nos conduce, o bien a un diagnóstico concreto, o bien a un diagnóstico impreciso.

El diagnóstico concreto nos indicará si el paciente ha de ser tratado mediante una terapéutica tradicional, homeopática o mixta:

  • Un fibroma que produce un síndrome compresivo, corresponderá al cirujano.
  • Un diabético obeso o acidótico será tratado con hipoglicemiantes o con insulina.
  • Un paciente con migrañas o con eczema podrá ser tratado únicamente mediante la Homeopatía.
  • Pero una caverna tuberculosa se verá muy positivamente influenciada, además de por el tratamiento clásico, por Stannum; una aortitis sifilítica por Aurum; una cirrosis, por Phosphorus, y una arteritis de los miembros inferiores, por Sécale cornutum.

Efectivamente, conviene saber que la Homeopatía puede ser un apoyo eficaz en el tratamiento de enfermedades lesionales graves, con lesiones histo-lógicamente definidas, pues existen sustancias que pueden producir, toxicológicamente, lesiones semejantes.

Pero, al margen de las enfermedades de etiología muy clara, y de anatomopatología y evolución muy bien definidas, sería un error limitarse al simple diagnóstico nosológico para la elección de un tratamiento homeopático.

El diagnóstico nosológico es con frecuencia IMPRECISO, de hecho, amputa la realidad clínica. Nos preguntaremos: ¿Qué siginificado tiene esto? La dispepsia gastro-hepática, desrregulación ovárica, distonía neurovegetativa, síndrome depresivo, enterocolitis… En estas afecciones no existen signos patognomónicos, son muy imprecisas y, por consiguiente, el diagnóstico nosológico no sirve para determinar el remedio homeopático. No es pues, el homeópata quien abandona el diagnóstico, sino la nosología la que abandona al médico.

Como contrapartida, tales afecciones crónicas van a modificar profundamente el comportamiento general y nervioso del enfermo, su “manera de sentir o de comportarse”, y van a traer consigo muchos síntomas personales, que constituirán la semiología homeopática.

Con el paso del tiempo, la enfermedad crónica puede llegar a tener un efecto sobre la tipología, e incluso una influencia hereditaria sobre la morfología, cuya resultante determinará verdaderos tipos sensibles de enfermos. Es lógico, asignar a la tipología y a la morfología (cuando se alejan sensiblemente del equilibrio o de la media) el valor de un signo clínico objetivo, que se añadirá a la semiología homeopática reaccional.

EN RESUMEN:

Para determinar el remedio o remedios de fondo, en el tratamiento de una enfermedad crónica, hay que tener en cuenta:

* Por una parte, los signos patognomónicos o anatomopatológicos de la enfermedad, si los hay.

* Buscar los síntomas en la semiología homeopática, y en la tipología y la morfología constitucional del paciente. Hay que ver, oír, interrogar, examinar y, sobre todo, comprender al paciente.

Una vez recogida toda la información, hay que ordenarla y coordinarla, haciendo una apreciación, según cada caso individual, de:

  1. El valor relativo de los signos etiológicos.
  2. El valor relativo del conjunto de signos patognomónicos de la enfermedad con relación a los signos reaccionales característicos del enfermo.
    Podemos, y debemos, desdeñar un diagnóstico nosológico impreciso, pero no debemos, de ninguna manera, ignorar un diagnóstico nosológico claro y exacto. De todos modos, entre los distintos remedios que pueda sugerirnos la semiología Homeopática, habrá que considerar únicamente aquél (o aquellos) cuya sustancia base tiene el poder farmacodinámico de provocar las altera-ciones funcionales o lesionales de la enfermedad en cuestión.
  3. Por último, hay que saber apreciar el valor de la asociación y de la marcha evolutiva de los síntomas reaccionales individuales en el tiempo y en el espacio.

Hahnemann había observado que, pese a la administración del remedio más adecuado, la enfermedad crónica recidivaba con mucha frecuencia. Tras varios años de observación, definió tres modos reaccionales clínicos particulares, que no eran enfermedades autónomas, sino síndromes patognomónicos de modos reaccionales, que se caracterizaban por manifestaciones funcionales o lesionales, en un mismo enfermo o en su familia. A estos tres modos reaccionales particulares les daba el nombre de ENFERMEDADES CRÓNICAS FUNDAMENTALES, y atribuía cada una de ellas a un “miasma crónico”, lo que en su época (antes de la era bacteriológica) quería decir “causa de naturaleza contagiosa”, aguda o crónica, no perceptible por el observador:

  • La PSORA se atribuía a la sarna.
  • La SICOSIS a la blenorragia.
  • La SIFILIS al chancro venéreo.

Por supuesto, seria una aberración tomar al pie de la letra las concep-ciones de un médico de principios del s. XIX, por genial que fuera, o todas las hipótesis formuladas posteriormente. Pero el valor de sus observaciones sigue vigente, sobre todo porque las posibilidades de terapéutica analógica que de ellas se derivan permiten un estudio interesante del terreno del paciente.

El término TERRENO, tiene un sentido más amplio que el de CONSTITUCIÓN, ya que engloba no solo la carga genética del tipo sensible, sino también la inmunidad adquirida y ciertos factores ambientales que pueden haber configurado la respuesta del individuo frente a la enfermedad. Es por ello que, preferimos la definición “terreno”, a la de “constitución”, en sentido no restrictivo.